Una noche, la mano de tempestad
mi corazón con los andares del viento
me tomó al mundo de crueldad.
y vino así el mar...del evento!
Mi respiración quiso ir fuera del cuerpo
cuando vi que el hombre bélico
con tristeza mirando el firmamento
no quiso la libertad, ni un sueño idílico.
Ese iceberg con toda la frialdad
enterró mi corazón en la tierra calienteme
mostró toda aquella fragilidad
que se asomaba y parecía tan inminente.
Con sabor agridulce la muerte
arrojo la moneda y lo llamo destino
como si todo fuera cuestión de suerte
miseria profunda del pensamiento prístino.
El vuelo sucesivo, súbito, se engrandece
raya de las balas del silencio
cadavérico el aire que se estremece
ante la indiferencia de un vendaval necio.
Tiró la basura con lozanías que gotean
donde el mirlo se preocupa por pequeñeces
donde los pesares del soldado se regatean
en el ataque de las líneas, casi inertes.
©civeles
©civeles

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